La pérdida de estrógeno tras la menopausia elimina una protección clave contra la disfunción metabólica, debido a su papel en la salud y función del tejido adiposo. Además, muchas mujeres reducen su actividad física en esta etapa, lo que agrava el perfil de riesgo cardiometabólico.

La menopausia se asocia con aumento de grasa total, redistribución hacia grasa visceral, pérdida de masa muscular, obesidad central e insulinorresistencia. Estos cambios incrementan el riesgo de síndrome metabólico, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, incluso si el peso corporal no varía. El cambio hormonal, combinado con el envejecimiento y el sedentarismo, potencia estas alteraciones.
En condiciones premenopáusicas, los estrógenos ejercen un efecto protector principalmente a través de sus receptores nucleares ERα y ERβ, presentes en tejidos clave como el músculo esquelético, el tejido adiposo y el hígado. Estos receptores modulan la expresión de genes implicados en:
Cuando los niveles de estrógeno caen, se reduce la activación de ERα y ERβ, lo que conduce a:
El tejido adiposo visceral disfuncional genera inflamación, lipotoxicidad y resistencia a la insulina, contribuyendo a un peor perfil metabólico.
Aunque algunas investigaciones muestran que tras la menopausia la oxidación de grasas durante el ejercicio es menor —posiblemente por reducción de masa magra y cambios hormonales—, el entrenamiento sigue siendo altamente beneficioso. Sus efectos incluyen:
El ERβ podría desempeñar un papel clave en la adaptación al ejercicio en mujeres posmenopáusicas. Aumentar su expresión —mediante entrenamiento de fuerza, actividad aeróbica regular y control del exceso de grasa visceral— podría potenciar los efectos metabólicos del ejercicio, mejorando la oxidación de grasas y la regulación de la glucosa incluso en un contexto de bajo estrógeno.
El ejercicio, además, tiene efectos específicos sobre el adipocito que ayudan a contrarrestar la pérdida de estrógeno. Las mujeres físicamente activas presentan menor grasa visceral, mayor masa magra, mejor densidad mineral ósea y menor riesgo cardiometabólico. Existe una clara relación dosis-respuesta: mayores volúmenes o intensidades de ejercicio producen mejoras superiores en composición corporal, circunferencia de cintura, glucemia y presión arterial.
En conjunto, el ejercicio es la estrategia conductual más eficaz para prevenir y mitigar la disfunción metabólica asociada a la menopausia.
Referencias bibliográficas:
Marsh, M. L., Oliveira, M. N., & Vieira-Potter, V. J. (2023). Adipocyte metabolism and health after the menopause: the role of exercise. Nutrients, 15(2), 444.
