¿Por qué el ejercicio es tan efectivo durante la menopausia?

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La afirmación de que las mujeres físicamente activas experimentan síntomas menopáusicos menos severos no es meramente observacional, sino que se sustenta en mecanismos biológicos que la investigación científica ha desentrañado meticulosamente. 

1. Mecanismos neuroendocrinos: la regulación del centro termorregulador.

El sistema β-endorfinas y el control hipotalámico: Uno de los mecanismos más fascinantes y mejor documentados es el papel del ejercicio en la modulación del sistema de β-endorfinas a nivel hipotalámico. Durante la menopausia, la disminución de estrógenos reduce las concentraciones de endorfinas en el hipotálamo, lo que favorece una mayor liberación de norepinefrina y serotonina. Este desequilibrio altera el centro termorregulador y desencadena los característicos sofocos.

El ejercicio actúa como un potente estimulador de la producción de β-endorfinas tanto hipotalámicas como periféricas. La evidencia demuestra que las personas físicamente activas mantienen niveles basales de β-endorfinas significativamente más altos que las sedentarias. Este efecto es particularmente relevante porque las β-endorfinas no solo estabilizan el centro termorregulador, sino que también regulan la liberación de hormona luteinizante, controlando indirectamente los niveles de hormona liberadora de gonadotropinas.

Un estudio longitudinal de referencia encontró que solo el 5% de las mujeres físicamente activas experimentaron sofocos severos, comparado con el 14-16% de mujeres sedentarias. Esta diferencia no se explicaba por diferencias en el índice de masa corporal, hábitos de fumar o uso de terapia hormonal, sugiriendo que el ejercicio per se afecta directamente los neurotransmisores que regulan la termorregulación central.

Mejora del control termorregulatorio: La investigación de Bailey et al. aporta evidencia sólida sobre cómo el ejercicio puede optimizar el control termorregulatorio en mujeres con síntomas asociados a la menopausia. Tras 16 semanas de entrenamiento supervisado, se observaron cambios muy relevantes:

  • Descenso de 0,14 °C en la temperatura corporal basal.
  • Inicio más temprano de los mecanismos de regulación: la sudoración y la vasodilatación cutánea se activaron 0,19 °C y 0,17 °C antes, respectivamente.
  • Mayor sensibilidad de la sudoración, lo que facilita la disipación del calor.
  • Reducción del 48% en la frecuencia semanal de sofocos.

En conjunto, estas adaptaciones muestran que el ejercicio “recalibra” el sistema termorregulatorio, logrando respuestas más eficientes y estables frente a los cambios de temperatura corporal.

2. Modulación del Eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal (HPA).

Regulación del cortisol y la respuesta al estrés: Durante la menopausia, el eje HPA sufre alteraciones importantes que pueden intensificar los síntomas. Un estudio revelador mostró que las mujeres postmenopáusicas que nunca habían utilizado terapia hormonal presentaban un patrón diurno anormal de α-amilasa (un marcador del sistema nervioso adrenérgico) y una respuesta atenuada al estrés inducido por el ejercicio.

En cambio, aquellas mujeres que practicaban ejercicio de forma regular evidenciaron:

  • Un patrón diurno fisiológico de α-amilasa.
  • Mayor producción de α-amilasa frente al desafío del ejercicio.
  • Una capacidad funcional cardiorrespiratoria significativamente superior.

Estos resultados indican que el ejercicio regular modula la hiperactividad simpática propia de la menopausia, ayudando a restaurar el equilibrio del sistema nervioso autónomo y favoreciendo una mejor adaptación al estrés.

3. Regulación de neurotransmisores: el equilibrio químico del bienestar.

Sistema serotoninérgico: La menopausia provoca una alteración profunda del sistema serotoninérgico, lo que contribuye a síntomas como cambios de humor, ansiedad y depresión. El ejercicio actúa como un potente modulador de este sistema a través de distintos mecanismos:

  • Aumento de la sensibilidad de los receptores. El entrenamiento físico incrementa la sensibilidad de los receptores de serotonina 5-HT2 y 5-HT1A postsinápticos. Este efecto es relevante porque también se observa tras varios tratamientos antidepresivos, lo que sugiere un papel clave en la prevención de la depresión.
  • Incremento de la síntesis y el metabolismo. La práctica regular de ejercicio estimula la producción y el metabolismo de serotonina en la corteza cerebral, y este beneficio se mantiene incluso hasta una semana después de interrumpir el ejercicio.
  • Evidencia clínica en mujeres. En un estudio, un programa de 8 semanas de ejercicio aeróbico al 60–65% de la frecuencia cardíaca máxima redujo de forma significativa los niveles de depresión, mostrando además una clara relación entre los niveles de serotonina plasmática y el grado de depresión.

Dopamina y regulación del estado de ánimo: La menopausia también interrumpe el equilibrio de dopamina, otro neurotransmisor esencial en la regulación del ánimo, debido a la disminución de estrógenos y progesterona. El ejercicio regular contribuye a restaurar los niveles de serotonina y dopamina, favoreciendo un estado de ánimo más estable y positivo.

4. Factores neurotróficos: neuroplasticidad y función cognitiva.

Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF): Un hallazgo de gran relevancia en la investigación sobre menopausia es que las mujeres postmenopáusicas presentan niveles de BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro) significativamente más bajos que las mujeres premenopáusicas. El BDNF es esencial para la plasticidad neuronal, la supervivencia de las neuronas y el mantenimiento de la función cognitiva.

El ejercicio regular se ha mostrado como una estrategia eficaz para revertir esta deficiencia, ya que:

  • Aumenta de forma significativa los niveles de BDNF tanto en mujeres pre como postmenopáusicas.
  • Alivia los síntomas menopáusicos, acompañando los beneficios a nivel cerebral.

Además, la práctica de actividad física de tiempo libre durante 12 semanas no solo mejoró la composición corporal, sino que también incrementó los niveles de catepsina B y NGF (Factor de Crecimiento Nervioso) en mujeres postmenopáusicas, lo que apunta a mejoras en la neuroplasticidad y la función cognitiva.

5. Efectos anti-inflamatorios: modulación del estado inflamatorio sistémico.

Reducción de citoquinas pro-inflamatorias: La etapa postmenopáusica se asocia con un aumento de la inflamación sistémica, un factor que contribuye al riesgo cardiovascular, la osteoporosis y el deterioro de la salud metabólica. Afortunadamente, el entrenamiento físico se ha mostrado como una estrategia eficaz para mitigar este proceso.

Un meta-análisis de 32 estudios con 1.510 mujeres postmenopáusicas demostró que el ejercicio reduce de manera significativa varios marcadores inflamatorios:

  • Interleucina-6 (IL-6).
  • Factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α).
  • Proteína C-reactiva (CRP).
  • Y aumenta la adiponectina (antiinflamatoria).

Estos efectos positivos se observaron de manera consistente tanto con ejercicio aeróbico, de resistencia como combinado, y fueron independientes de la edad de las participantes.

Correlaciones entre hormonas e inflamación: Un estudio controlado y aleatorizado mostró que 16 semanas de ejercicio de intensidad baja a moderada generaron correlaciones significativas entre la reducción de IL-1β, IL-6 y TNF-α y los cambios en hormonas reproductivas. Esto sugiere que el ejercicio no solo reduce la inflamación, sino que también la modula en relación con el estado hormonal, aportando beneficios integrales en la salud de la mujer postmenopáusica.

6. Regulación metabólica: sensibilidad a la insulina y homeostasis glucémica.

La menopausia temprana se asocia con una reducción de la sensibilidad a la insulina, lo que aumenta el riesgo de resistencia insulínica y diabetes tipo 2. Sin embargo, la evidencia muestra que el ejercicio de alta intensidad durante 3 meses genera mejoras metabólicas notables, comparables en mujeres pre y postmenopáusicas.

Entre los principales beneficios observados destacan:

  • Mayor captación de glucosa muscular.
  • Mejora en la tasa de disposición de glucosa corporal.
  • Aumento en la expresión de hexocinasa.
  • Incremento en la actividad de glucógeno sintasa.

Estos cambios se explican por mecanismos moleculares clave, como una mayor activación de Akt2 inducida por insulina y una mayor desfosforilación de la glucógeno sintasa, lo que demuestra que los efectos del ejercicio sobre la sensibilidad a la insulina se mantienen incluso después de la menopausia. En resumen, el ejercicio hace que los músculos se vuelvan más “sensibles” y eficientes al usar la glucosa, lo que permite mantener niveles de azúcar en sangre más estables y un metabolismo más saludable, incluso después de la menopausia.

7. Modulación vascular: función endotelial y flujo sanguíneo cerebral.

Mejora del flujo sanguíneo cerebral: también en el estudio de Bailey et al. mostró que el ejercicio incrementa la velocidad de flujo en la arteria cerebral media en 2,8 cm/s en reposo y que, durante el estrés térmico, esta velocidad se mantuvo 4,5 cm/s más alta en comparación con el grupo control.

Esta adaptación refleja una mejor función vascular cerebral, lo que podría contribuir a una reducción de los sofocos al favorecer una regulación más eficiente del flujo sanguíneo durante los cambios de temperatura.

Función endotelial periférica: En el mismo estudio, también se observaron mejoras significativas en la dilatación mediada por flujo de la arteria braquial, un marcador clave de la función endotelial periférica. Esta mejora no solo refuerza la salud vascular, sino que además se asocia con un menor riesgo cardiovascular en mujeres postmenopáusicas.

Conclusión.

La ciencia demuestra que el ejercicio durante la menopausia no actúa a través de un único mecanismo, sino que activa de forma coordinada múltiples sistemas del organismo, generando una verdadera sinfonía de adaptaciones:

  • Neuroendocrinas: estabiliza el centro termorregulador mediante las β-endorfinas.
  • Neuroquímicas: regula serotonina, dopamina y BDNF, mejorando el estado de ánimo y la función cerebral.
  • Anti-inflamatorias: reduce citoquinas proinflamatorias y aumenta mediadores protectores.
  • Metabólicas: potencia la sensibilidad a la insulina y equilibra la glucemia.
  • Vasculares: optimiza el flujo sanguíneo cerebral y la salud endotelial.
  • Neurotróficas: favorece la neuroplasticidad y preserva la función cognitiva.

Gracias a esta acción multisistémica, el ejercicio no solo alivia síntomas concretos sino que mejora la calidad de vida en su conjunto, ayudando al cuerpo a adaptarse mejor al nuevo entorno hormonal.

En definitiva, el ejercicio es una intervención terapéutica integral, segura y científicamente probada, que brinda a las mujeres una herramienta poderosa para transitar la menopausia con más salud, fortaleza y bienestar.

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